07 octobre 2007
Ojo por ojo
Anoche fuimos a
cenar con nuestro Jefe del departamento. Le anunciamos que a fines del semestre
nos volvemos a Europa, y para nuestro asombro, dijo que éramos libres de hacer
lo que quisiéramos, y que de todas maneras las puertas de Tongji quedaban
abiertas. Después se lanzó en un interminable discurso acerca de la época en
que vivimos, tan poco filosófica, y que la plata, en definitiva, no se hace ni
en la Universidad, ni con la filosofía. Toda la conversación giró a partir de
ahí en torno a sus especulaciones en la bolsa de Hong-Kong, donde la semana
pasada había perdido en cosa de pocas horas unos 40.000 yuans, de los cuales
una gran parte la recuperó a la mitad de nuestra cena, cuando su mujer le mandó
un mensaje de texto para comunicarle la gran noticia, justo en el preciso
instante en que llegaba a la mesa el plato principal del banquete: la cabeza de
pescado. Entonces brindamos más copiosamente aún con vino amarillo (vino de
arroz bastante dulzón) y yo aprendí que cuando el agasajador (que invita y
paga) levanta su vaso para brindar con unos y otros, uno tiene que tomar la
precaución de chocar su vaso varios centímetros por debajo del vaso del que
inicia el brindis, sobre todo si en la jerarquía social uno está mucho más que
varios centímetros por debajo del dueño de ese vaso. Vale decir, la parte
superior de mi vaso subordinado debe golpear en la mitad del vaso condecorado
(en señal de me inclino ante tí a cada sorbo), o, visto desde la otra
perspectiva, el culo del vaso condecorado debe golpear a mitad de mi vaso
subordinado (en señal de te cago como quiero). Meta chupi, meta inclinación,
llegó la gran prueba de la noche, a saber: ocuparse de esa cabeza de pescado
que acababan de traer. En China hay pescados y pescados. Los más grandecitos suelen
cortarse en tres partes, con lo cual uno tiene la opción de pedir: cuerpo, cola
o cabeza, con sus respectivos precios. Ahora bien, en algunos pescados, lo
mejor es sin lugar a dudas el cuerpo, lo cual se refleja en el precio. Otros
prefieren sin embargo la cola, más seca, más crocante. Finalmente existe el
culto de la cabeza. Hay pescados de los cuales solo la cabeza se guarda,
mientras que el resto se tira a la basura. A nosotros nos tocó cabeza, maldita
sea. Una cabeza enorme, con ojos blancos bien saltones y una cara de amargura
total. Cortada en dos mitades, abierta sobre la fuente, los ojos por supuesto
mirando hacia arriba. De un lado, el pescado cubierto de chilis rojos, del otro,
cubierto de chilis verdes: los rojos son muy picantes, los verdes, un infierno.
Todos llorando y transpirando como unos desgraciados, mientras aprendíamos a
comer cabeza. Los tres pedacitos de carne que se encontraban en la parte de
abajo se esfumaron enseguida, tras lo cual hay que comenzar a subir
peligrosamente hasta arriba, chupando escamas, espinas y espinales, sorbeteando
todo lo que se encuentra dentro de una señora cabeza de pescado, hasta terminar
en los ojos: porque tienen colágeno (bueno para la piel), y porque hacen
inteligente (es que hay que concentrarse un buen rato para lograr agarrar con
los palitos esa bola gomosa y resbaladiza).
Obligados los dos a masticar sabiduría mientras el Jefe nos miraba sádicamente, pensé que quizás el muy turro no se tomó tan bien que nos vayamos...
Commentaires
impresionante
Me alegro que hayan pasado el momento con menos problema que el que imaginaron.
Yo el pescado ni que hablar!!
Saludos
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